Reproducción de Helechos por Esporas

 

Éste es mi primer ensayo de reproducción de un helecho por esporas. He escogido

el helecho Phyllitis scolopendrium por la abundancia de sus esporas y el gran tamaño

de sus soros, lo cual facilita el experimento.

 

A finales de Septiembre, con la elevada humedad ambiental por las primeras lluvias otoñales, las esporas del helecho Phyllitis scolopendrium están maduras y se desprenden con facilidad con la más leve brisa, que las lleva volando lejos de su madre para colonizar nuevos territorios.

 

Para la siembra de las esporas nos puede servir una simple fiambrera de plástico transparente, en la que pondremos 3/4  de tierra vegetal comercial mezclada con  1/4 de tierra natural (en mi caso tierra mallorquina arcillosa y calcárea).  Unos 4 centímetros de substrato son suficientes.

Apretamos la tierra con los dedos y la regamos sin exagerar, de manera que quede bastante húmeda, pero no encharcada. No hace falta que le hagamos agujeros de drenaje a la fiambrera, pues es conveniente que la tierra no pierda humedad, ya que no la volveremos a regar hasta dentro de unos dos meses.  Para evitar el crecimiento de musgos y hongos podemos esterilizar la tierra humedecida directamente en el microondas. Con unos 5 minutos a la máxima potencia será suficiente. En este caso no esterilicé la tierra y no he tenido demasiados problemas.

Sin necesidad de cortar el fronde, lo inclinamos con el envés hacia arriba dentro de la fiambrera y con una cucharilla vamos rascando las esporas, repartiéndolas bien por la superficie de la tierra.

Las esporas quedan depositadas sobre la tierra como una fina capa marrón. Se dejan tal como están sin cubrirlas con tierra.

Si la tapa de la fiambrera es transparente, se cierra con ella. En caso contrario se cubre con un cristal transparente y se coloca en un lugar muy iluminado, pero sin sol directo y protegido del viento. Las temperaturas suaves del inicio del Otoño son ideales para la germinación de las esporas. No conviene que quitemos el cristal o la tapa, salvo para comprobar cada varias semanas la evolución de las esporas. Los helechos fueron las primeras plantas con tallo que aparecieron sobre la tierra y evolucionaron en un ambiente muy pobre en oxígeno y con una elevada humedad ambiental superior al 90%, por lo que debemos recrear un ambiente similar dentro de la fiambrera.

A los 21 días destapamos la fiambrera y comprobamos que todo marcha según lo previsto. Las esporas han germinado y se ha formado un fina capa verde sobre la tierra. Son los prótalos en miniatura, llamados PROTONEMAS, que son una pequeña masa de células verdes sin una forma definida, que irán creciendo a lo largo de las próximas semanas, hasta hacerse claramente visibles.

Aquí podemos ver la fina capa verde formada por las esporas recien germinadas. No debemos añadir agua y conviene que cerremos o tapemos enseguida la fiambrera. La volvemos a colocar en el mismo sitio y esperamos dos semanas sin tocarla.

Han pasado 30 días desde la siembra de las esporas. El progreso de la capa verde es evidente.

A los 42 días la capa verde ha crecido vigorosamente, sobretodo en la zonas más sobresalientes de la superficie del substrato, tal vez por el mayor grado de luminosidad que reciben.

Una foto cercana nos permite distinguir ya los pequeñísimos PRÓTALOS o GAMETOFITOS  redondeados, como diminutas láminas o escamitas. Son la forma haploide de los helechos, con la mitad de cromosomas. Si el substrato sigue húmedo, no añadimos agua. En caso de que lo creamos necesario, pulverizamos la superficie con agua lo más limpia posible. Volvemos a cubrir la fiambrera con el cristal y la colocamos en un lugar ligerísimamente más iluminado, pero sin sol directo.

Han pasado ya 60 días y algunos prótalos han crecido bastante, mientras que otros aparentemente han muerto. Se pueden ver los filamentos o hifas de hongos saprofitos, que se alimentan de los prótalos muertos, cuya oosfera (gameto femenino) no ha sido fecundada por los anterozoides (gametos masculinos).

Han pasado ya 75 días desde la siembra y los prótalos cada vez son más grandes. Aquí se ve bien la elevada humedad del sustrato, que facilita el desplazamiento de los anterozoides, que son flagelados y nadan como pececillos, atraídos por el aroma a ácido málico que emite la oosfera, que es para ellos como un delicioso e irresistible perfume, o sea, una fito-feromona.

Han pasado un poco más de 7 meses desde la siembra, o sea, 216 días y acaban de brotar los primeros ESPOROFITOS con sus diminutos frondes de color verde claro, que salen de los prótalos femeninos fecundados. Son la forma diploide de los helechos. Conviene mantener la fiambrera tapada unos meses más.

Aquí se aprecian mejor los esporofitos o helechos verdaderos. Se pueden ver las hifas de hongos que aparentemente no perjudican la buena marcha del proceso.

Detalle de los diminutos frondes como hojitas redondeadas de color verde claro con un pequeño pecíolo, brotando de los prótalos o gametofitos, que son como hojitas de lechuga de color verde oscuro.

Hace ya 8 meses que sembré las esporas. Los esporofitos son cada vez más grandes.

Aquí se pueden ver los diminutos helechitos anteriores desde más cerca. Son muy curiosas las lineas radiales de los pequeños frondes.

Han pasado 270 días desde la siembra de las esporas y por fin ha llegado el día de la culminación del proceso, el momento quizás más delicado, el trasplante de los pequeños helechos a macetitas individuales. Para ello, con la ayuda de una cucharita de café, se van sacando grupitos de helechos con su respectivo cepellón de tierra y raicillas y se trasplantan con mucho cuidado y mucha delicadeza a macetitas diminutas con tierra vegetal. Al crecer tan concentrados es muy dificil separarlos de uno en uno, por lo que se pueden sembrar varios juntos en la misma maceta, ya que siempre puede morir alguno.

Luego se colocan en una fiambrera grande con un poco de agua en el fondo para que la tierra de las macetas se mantenga bien húmeda, pues no conviene regarlos por arriba, es mejor que les llegue el agua desde abajo por capilaridad. Se tapa la fiambrera y se coloca en el mismo lugar, para que el trauma del trasplante les afecte lo menos posible. Poco a poco se va destapando la fiambrera para acostumbrar los helechos al ambiente externo.

Aquí se puede ver el tamaño real del helecho y la maceta.

Y éste es el resultado final después de un largo año desde la siembra de las esporas. Ahora sólo falta sembrarlas en hábitats naturales adecuados.

Aquí pueden ver una de las lenguas de ciervo anteriores, en este caso sembrada en una macetita de celulosa prensada, que facilita su trasplante en la naturaleza. Sólo hace falta cavar un pequeño hoyo en la tierra y meterla en él sin sacarla de la maceta.

Y aquí está la culminación de todo el proceso: la repoblación de este bellísimo helecho en su hábitat natural, muy cerca de sus escasísimas progenitoras.

 

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